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Editorial

Colaborar con una emergencia nacional es un deber impostergable

     San José, Costa Rica. 12 de julio, 2015. El país sufre los embates de la alteración ambiental una vez más. Esta realidad afecta a unas regiones más que a otras, en cada ciclo de temporal.  En esta ocasión, varias zonas de la provincia de Limón están en una situación de atención prioritaria, no solo por el Gobierno, sino también por los ciudadanos que podemos aportar nuestro apoyo solidiario de diversas maneras.

    La reciente manifestación de un grupo de porteadores, en diferentes rutas nacionales de acceso público, fue un acto deplorable, por demás, egoísta, en momentos en que la prioridad oficial así como humanitaria es llevar atención y asistencia pronta a las personas afectadas por las inundaciones. Este hecho no debe ni tolerarse ni permitirse por nuestras autoridades que son las llamadas a detener estas actuaciones abusivas.

    Las manifestaciones populares en el país son comunes, tal es el caso de las que se pronuncian por la promulgación de la Ley contra el maltrato animal, que han aglutinado a cantidad de personas, para marchar; la marcha por la Familia que aglomeró a un millón de ciudadanos, son un ejemplo de manfiestarse en favor de una ideología, o por una lucha popular, sin perjudicar significativamente al resto de los ciudadanos.

    La reacción del Gobierno no fue ni la adecuada ni la pronta, al permitir a este grupo apoderarse del país, de una manera abusiva e inoportuna, durante horas excesivas. El recurso de la Fuerza Pública debe autorizarse con la prontitud que amerita en estos casos, sin que ello implique anular el reconocimiento de la protesta, sea o no con la suficiente razón.

    Este acontecimiento da para reflexionar sobre los límites que deben regularse con prontitud, en el momento oportuno, pues por encima de los derechos de un grupo, está el bienestar nacional, y la atención de una emergencia, de sobra evidente y, además, declarada por las autoridades involucradas en la atención.

    Al Gobierno no se le puede olvidar la razón principal de su existencia y de su escogencia. Unido a este hecho bochornoso para la paz social, se suma el impedimento del paso de una ambulancia, como consecuencia del abuso de un grupo, al que se le permitió excederse en su forma de protesta, y se que se arrogó el privilegio de cerrar todos los accesos públicos, para ser atendidos y obtener lo pretendido, sin importar el riesgo de la vida y de la salud ajena.

    Los participantes en esta manifestación dejaron muy mal parado al negocio del porteo, demostrando un egoísmo absoluto, irracionalidad y falta de solidaridad. Ciudadanos y empresas así no necesita el país. A poner las barbas en remojo, el derecho a la libre circulación no puede ser menoscabado por intereses personales, menos aún en situaciones de emergencia nacional. A socarse la faja y permitir a la Fuerza Pública actuar por el bien común en el momento que sea necesario convocarles.

 

 

   

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